Los brujos también han sido un tema común en las leyendas salvadoreñas; esta es un ejemplo de ello, la cual sucedió en tiempos remotos en Nahuaterique, departamento Morazán.

Cuentan que por las noches, llegaba a los corrales de las casas un animal que tenia la forma de una gran lechuza y le chupaba la sangre a las gallinas.
En cierta ocasión un hombre esperó con su fusil para matar a aquel animal que estaba acabando con las gallinas de todos. Cuando era medianoche, apareció algo volando, a el le pareció ver a una lechuza de gran tamaño y le disparó dos veces.
Al momento volaron un montón de plumas, pero el hombre no alcanzó a ver nada más.
A la mañana siguiente, fue el dueño de la casa al lugar donde habían caído todas las plumas, pues quería saber de qué animal se trataba exactamente, pero no había nada, ni siquiera una pluma.
Después de pasada una semana de aquel hecho, se enteraron que en Nahuaterique había muerto un brujo que vivía en unas cuevas, y murió precisamente por un disparo que recibió.

El Cadejo
La carreta chillona
El justo juez de la noche
El jinete sin cabeza
La Llorona
La descarnada
La poza del Bululú
El Gritón de media noche