Tenancín, la novia del Cipitío

Los niños también son parte de la mitología cuzcatleca, en la cual se les atribuyen muchas cualidades propias de ellos y su inocencia, son sin duda alguna un reflejo de que también son tomados en cuenta en estas leyendas para que los adultos aprendan de ellos.

Es así como una de las leyendas salvadoreñas más populares es la de el Cipiío, un niño pequeño barrigón que baga errante y come ceniza y guineos, este pequeño tiene una novia que es llamada Tenancín, aquí conoceremos su historia.

Tenancín, la novia del Cipitío

Tenancín es la novia del Cipitío. Esta es una niña muy pequeña y muy bonita, al igual que él.

Cuenta la leyenda que un día el Cipitío o Cipitín, como también se le conoce, se había montado sobre una flor y se quedó dormido ahí.

Tenáncin andaba cortando flores. Se internó en el bosque, olvidó el sendero, y corriendo, perdida, por entre la breña, se acercó a la corola donde Cipitín dormía.
Lo vio. El ruido de las zarzas despertó a Cipitín, que huyó, saltando las matas.

Huyó de flor en flor, cantando dulcemente. Tenáncin lo seguía. Después de mucho caminar, Cipitín llegó a una roca, sobre las faldas de un volcán. Los pies y las manos de Tenáncin estaban destrozados por las espinas del ixcanal.

Cipitín tocó la roca con una shilca y una puerta de musgo cedió. Agarrados de las manos entraron, uno después del otro. Tenáncin fue la última. El musgo cerró otra vez la caverna.

Y no se le volvió a ver. Su padre erró por los collados y algunos días después murió, loco de dolor.

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Cuentan que la caverna donde Cipitín y Tenáncin se encerraron estaba en el volcán de Sihuatepeque (cerro de la mujer), situado en el actual departamento de San Vicente.


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