La sombra del amate

Los árboles de amate son muy comunes en la zona oriental de El Salvador, sin embargo crecen en cualquier parte del país, por lo que su misterio se ha ido extendiendo con el tiempo entre los habitantes de esta nación.

El palo de amate tiene innumerables historias. Casi siempre relacionadas con el Cipitío y la Siguanaba, dos joyas mitológicas de El Salvador, y también con encantamientos en los que participa, supuestamente, el Diablo.

Todas estas conjeturas no pueden ser comprobadas científicamente, ni existe documentación de tipo fotográfica, pero han sido creídas por nuestros abuelos y los suyos.

La sombra del amate

En los pueblos es visto con mucho respeto. Su estructura es curiosa y llena de misterios. Sus ramas tienen apariencia de lamento y la espesura de su follaje es muy apreciada. El árbol es toda una obra de arte, pero también es un símbolo del temor.

Muchos ancianos afirman que no se puede dormir en las noches bajo los amates, porque arrojan huesos. También existe la leyenda de que echan una flor que sólo puede ser vista por sordos y niños tiernos. Habitantes de Morazán evaden el árbol por las noches, pues dicen que es el momento en que más asustan.

A uno le tiran huesos para asustarlo y si no está listo, el Diablo se aparece dicen algunos, y aconsejan no pasar cerca de ellos cuando el sol se ha puesto en el firmamento.

Los amates abundan en lugares cálidos, sobre todo en Centroamérica y México. En El Salvador, el lugar en donde se ve con mayor frecuencia es Morazán. Cada cierta distancia se puede apreciar un amate haciéndole sombra a la carretera y al ganado en algunas fincas.

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También existen personas que no le tienen ni una pizca de temor a los monumentales árboles. Muchos niños juegan entre sus ramas y más de alguno recoge sus frutos, para probarlos.

La flor del amate, llamada sicono, no se puede ver, porque es microscópica, pero sí se constituye dentro de una estructura en forma de copa cerrada, con una pequeña abertura al frente. Cuando madura se transforma en un fruto carnoso y jugoso parecido al higo.

Es curioso que por esta maravilla natural del amate, muchos campesinos crearon la leyenda de que la flor únicamente puede ser vista por los niños de pocos meses y los sordos.

Los científicos, en cambio, explican el suceso del nacimiento de la fruta, afirmando que en la formación de su fruto se involucran unas avispas del tipo Agaonidea y ellas son las responsables de la formación del fruto.


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